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lunes, 27 de julio de 2015

Harley-Davidson Road Glide Special, 28.500 euros de actitud sobre ruedas by Florián R.S.

Cuando algún concesionario o fabricante nos brinda la oportunidad probamos sus motos para daros nuestra opinión en el blog.
Cuando no es así os traemos las pruebas externas gracias a otros profesionales y amigos como es el caso de Florián R.S. desde el diario Expansión,así que disfrutar del reportaje de esta Road Glide de LA MOCO.

 Así es la Road Glide, una moto de actitud, 28.500 euros de actitud para ser más exactos. Puede que le parezca una dato un tanto curioso, casi chulesco, pero creo que es así. La moto más dura (así la catalogan sus incondicionales) de Harley-Davidson te invita a cruzar los brazos en un semáforo y mirar de reojo, a mirar desafiante a la carretera, a pensar en la siguiente curva sin ser una deportiva, a... muchas cosas, pero todas con actitud.

No se trata, ni mucho menos de una moto de acceso, ni siquiera para los que gusta del resto de modelos de la Motor Company. Para muchos de los amantes de las Sportster, las Dynas y las Softail, la Road Glide es muy grande, casi aparatosa y, para los incondicionales de las Electras y Street Glide, no es tan cómoda porque no protege del viento igual. Y todos tienen un poco de razón...
La Road Glide es grande, imponente, pero su carenado frontal, el ya mítico Splitstream, es su mayor seña de identidad y es responsable de gran parte de las sensaciones que transmite. Como se encuentra anclado directamente al chasis, no gira con el manillar, algo que hace el Batwing de las otras grandes ruteras de la marca. Y no es cuestión baladí, pues imprime a la Road Glide de su encanto. Una vez más, un toque de actitud.
Harley-Davidson ha tardado muchos años en que llegara a España (en EEUU es un verdadero icono) y solo lo hacía en la versión CVO, la familia más premium. De ahí su nombre para este 2015, Road Glide Special.
Heredera de la familia Tour Glide (en producción desde 1979 hasta 1998 y que, entre otras cosas, introdujo la caja de cinco marchas), la Road Glide para algunos la touring más 'dura' de todas, la primera bagger para otro. Y para todos, un verdadero símbolo. De hecho, es la harley más vendida en EEUU después de la superventas Street Glide.
Técnicamente, muy similar a la Street Glide Special
La Road Glide Special comparte la mayoría de la parte técnica (propulsor, suspensiones, etc.) con la Street Glide Special -nueva también este año y que actualiza su sistema infoocio al Boom!Box 6.5GT-. El motor es el mismo Twin Cam 103 de 1.690cc que desarrolla un par motor máximo de 138 Nm a 3.500rpm y sus dimensiones son prácticamente idénticas: la Road Glide Special mide 2.430mm y pesa 369Kg en vacío (20mm menos y 13Kg que la Street Glide Special); y la altura del asiento sigue siendo 695mm. También comparte las suspensiones, las ruedas y las llantas y el sistema frenado combinado Reflex con ABS.
El carenado Splitstream, ese oscuro objeto de deseo
El carenado (triple Splitstream), aunque mantiene su estilo inconfundible, ha pasado por una renovación, sigue anclado directamente al chasis y ha pasado, como el del resto de las Glide, por el túnel de viento para reducir significativamente las turbulencias en la zona de la cabeza y permitir un flujo de aire cómodo alrededor del piloto. Nuevos son también en el carenado los dos faros LED de doble reflector Daymaker que encendidos forman una línea horizontal. Todo gracias al proyecto Rushmore.
Centrado en el interior del carenado se encuentra el sistema de infoocio Premium Boom! Box 6.5GT, con pantalla táctil (que se ha acercado respecto al modelo anterior para facilitar su uso) y un sistema de navegación GPS, controlable también mediante dos mandos tipo joystick ubicados en un nuevo manillar más reclinado. El audio sigue a cargo de Harman/Kardon con su sistema de sonido adaptativo al entorno, conexión total por cable y bluetooth para dispositivos y el móvil (incluidos mensajes en la pantalla), sistema de reconocimiento por voz tanto del jukebox como del GPS (que cuenta con 35 funciones).
Cómoda en autovía
Para mi gusto, la Road Glide impresiona mucho más que una Electra. Su carenado me atrae, es imponente y destaca sobre el conjunto de la moto, además, encendida, el efecto del conjunto lumínico delantero es llamativo y la dota de un grado más de radicalidad.
El manillar es ancho y bajo con lo que la postura de conducción es distinta que la de cualquiera de sus hermanas de familia casi en la línea de lo excesivo (muchos son lo que se lo cambiar por otro).
El motor suena muy harley, ronco, profundo, pero en marcha suena algo distinto. Es una apreciación subjetiva, probablemente por el propio diseño aerodinámico del conjunto que, al ser más bajo que en cualquiera de las otras touring, como es lógico, cambia esta percepción.
Tenía muchas ganas de poder rodar con ella a mi aire, sin las prisas de la presentación a la prensa (que hicimos por carreteras italianas y suizas), sin guía ni 'road leader'
En carretera abierta, en autovía, la Road Glide muestra sus genes touring. La posición de conducción, aunque no es la misma que en las otras Glide, me resulta cómoda. Si bien es cierto que la protección contra el viento tampoco es igual, se nota el trabajo en el túnel del viento al que ha sido sometida. Para poder tomar conciencia de ello, tiré de contactos para poder rodar unos kilómetros, antes de subirme a esta versión 2015, con una de las pocas unidades del modelo más antiguo y asegurarme de ello.
Nuevamente nos encontramos con este concepto de actitud al que me refería. Para los que nos gusta rodar, como dicen los americanos, con el viento en la cara, es un regalo. No es que aire golpee la cara como en un modelo 'desnudo' (a lo que estoy acostumbrado) pero esta sensación multiplica la relación con la moto. En la parte negativa (claro que la tiene) es que cuando llueve, el agua también toma protagonismo, como bien pudimos apreciar durante la presentación por tierras suizas. No se puede tener todo, cuestión de prioridades.
Carreteras secundarias, donde me gusta más
Es en carretera secundaria cuando la Road Glide hace honor a su nombre, se desliza como una anguila entre las curvas con seguridad y destapa todo su arsenal de sensaciones.
Gracias a que las piñas de mando son las mismas que en la Electra y que el sistema Infoocio también, navegar por los mapas (aunque no lo uso mucho pues me gusta improvisar) y poner la música es sencillo. Suena Metallica, Enter Sandman, Master of Puppets...


Una de las carreteras que escojo para esta parte de la prueba es la que nos lleva a mi querida copiloto (ella también me da su opinión, como siempre, y que luego os comentaré) desde Burgos acompañando al rio Arlanzón, la BU-812, hasta los embalses de Urquiza y el del Arlanzón. La carretera no se encuentra en el mejor estado, muy bacheada, pero me permite, nos permite, comprobar las suspensiones que, sin ser ni las más blandas ni las más duras, hacen bien su trabajo. Al abandonar esta carretera y enlazar con la BU-825 y la N-234, la cosa cambia. La Road Glide se divierte.
Su paso por curva es curioso, intenso diría yo. Como tiene menos peso en el tren delantero pues el carenado está anclado al chasis, entra más tranquila que las otras Glide. Entiendo a los que no gustan de esta sensación de que manillar y carenado no giren juntos, pero no es mi caso, me gusta. La sensación que da la baja altura del carenado hace que la visión de la carretera sea muy limpia, algo que en la mayoría de modelos touring, sean de la marca que sean, no ocurre.
El único punto discordante de la Road Glide, amén de los que tengan los detractores sin más del modelo (que los hay), es el asiento. Es en este punto donde entra en juego la aportación de mi compañera de viajes y casi todas las pruebas (soy de los que piensa que el copiloto tienen siempre mucho que decir), pues su diseño está pensado, aunque el doble, para uno solo. Su ergonomía en la parte trasera tiene una, para nuestro gusto, exagerada caída hacia detrás que hace bastante incómoda la travesía. El copiloto tiene que agarrarse para no correr el riesgo de perderlo en un acelerón, lo que, en carretera revirada, con curvas más cerradas, es casi inevitable. La solución es obvia, muy de la Motor Company, se monta un respaldo, o se cambia el asiento por otro más acorde.
En resumen
La Road Glide es una moto que no deja indiferente. En ciudad es una auténtica 'rompecuellos', la gente se gira, mira, observa e incluso se acerca a preguntar y en carretera permite al piloto una relación muy directa con su viaje. Sinceramente creo que, si bien me compraría una Electra Glide para recorrer el mundo con mi chica (es su favorita), es la touring de Harley-Davidson que más se ajusta a mi actitud... Pero eso es un tema aparte.

Vía: http://www.expansion.com/


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